"Nos encontramos en una reunión de ex alumnos y, entre sonrisas, sostuve una versión de mí que ya no era real. Pero una frase directa me enfrentó con lo que estaba negando y marcó un quiebre.
A partir de ahí empecé a cambiar: mi cuerpo, mis vínculos y la forma en la que me veía a mí misma.
Entre aprendizajes, heridas y nuevas experiencias, entendí el peso de los entornos y el valor de volver a elegirme.
Hasta que un encuentro inesperado me mostró, por primera vez en mucho tiempo, otra versión posible de mí."
El calor de la siesta no aplaca el deseo…
Pensar en sus manos, sus labios, su sexo…
Todo calculado, todo bien planeado.
Pasar a su lado, fingir ignorarlo.
Siempre bien erguida, mujer muy altiva.
Que nada delate todo lo que siente, mantener la pose de mujer segura.
Cuando él se aproxima…
Todo lo planeado y bien calculado se muere, termina.
Su mirada fija posa sobre ella, eso más la excita. Se acerca, le habla, esquiva sus besos, la altera.
Su pose se pierde y se va en el deseo de poder besarlo, de poder tocarlo.
Poder recorrer desde el cuello al pecho, llegar a su sexo, tomarlo en sus manos, cruzar las miradas… marcar el deseo.
Poder devorarlo…
Su lengua de fuego desliza deseosa sobre el sexo ardiente.
Su boca toma, lo abraza con fuerza.
Quisiera tenerlo ahí, entre sus piernas, sintiendo el calor que emana su sexo.
Mezclar sus fluidos, fundirse de a poco en un fuego eterno.
Su boca y su sexo debaten un duelo, tener el elixir que aplaca el deseo.
Sus cuerpos se rozan, se tocan, gemidos, palabras… casi sin sentido.
Todo tiene un fin…
Su boca recibe audaz, victoriosa, ardiente en deseo, la lava caliente que vierte su sexo.
Lo dulce y lo amargo dan por terminado el furtivo encuentro de ella con su amante.
Lo dulce recorre su cuerpo.
Lo amargo es saber que fue solo eso…
Daniela Ferrero Nanå
